Al director técnico del Servicio Médico Integral, doctor Jaime Luksenburg (con copia a: doctor Justo Alonso, jefe del Servicio de Ginecología de IMPASA; doctora Leticia Rieppi, responsable de la Dirección de Derechos Sexuales y Reproductivos del Ministerio de Salud Pública; doctor Leonel Briozzo, encargado de Programas Prioritarios del MSP; doctor Francisco Cóppola, presidente de la Sociedad Ginecotocológica del Uruguay, y doctor Julio Trostchansky, presidente del Sindicato Médico del Uruguay).
Mi nombre es Antonia Carballido Delloro (CI 2.851.698-2).
Me dirijo a ustedes a fin de narrar la experiencia que viví el 12 de marzo pasado en ocasión del nacimiento de mi segundo hijo y de mi primer parto, pues mi primer hijo nació por cesárea en agosto de 2004.
Me atrevo a exponer ésta, que resultó ser una vivencia traumática, pues considero que la atención que recibí lejos estuvo del parto humanizado y de las normas de atención a la mujer en el proceso de parto y puerperio, promovidas por el MSP y publicadas para conocimiento de todos los usuarios en su página web.
El viernes 12 de marzo a las 19.30 arribé en compañía de mi esposo a la emergencia del sanatorio IMPASA, registrándome en admisión, e informando allí que estaba con contracciones intensas cada cinco minutos. Luego de pasar al consultorio de emergencia ginecológica debí esperar durante una hora hasta que el ginecólogo de guardia me examinara, momento en el cual ya las contracciones eran cada tres minutos y presentaba tres centímetros de dilatación, habiendo pasado una hora de trabajo de parto en un ambiente totalmente inadecuado.
En la hora siguiente, ya internada en piso, no se me realizó control obstétrico por médico ni personal de enfermería, indicándoseme permanecer en reposo cuando mi esposo avisó que había roto las membranas. Cuando comencé con sensación de pujo, mi esposo se dirigió nuevamente a la enfermería, donde le dijeron que ya habían avisado al doctor Ariel Luksenburg, quien llegó finalmente a las 21.30.
Cuando finalmente él me examinó, ya estaba presentando dilatación casi completa. Expresó que era un niño grande y que iba a esperar un rato a ver si descendía, para definir si podía ser parto normal o debía efectuarse cesárea. Me indicó pujar en posición horizontal, con las piernas flexionadas y tomándome de las rodillas con mis manos.
Durante las dos horas siguientes permanecí en la cama realizando pujos, siendo controlada por el médico y debiendo pasar por las situaciones que paso a enumerar, que debido al estado de agotamiento del momento no recuerdo en exacto orden, pero sí me fue imposible olvidar, ya que sentí que no se me estaba tratando en la forma debida:
• El doctor Luksenburg dijo que tendría que cortar, ante lo cual planteo mi duda, obteniendo como respuesta dirigida hacia mi esposo “porque aunque no lo creas tiene vagina chica”.
• Planteo al doctor que no me siento cómoda pujando en esa posición, sino que deseo sentarme , obteniendo por respuesta “que querés, quebrarle la nuca” (al niño), y ante mi insistencia, más adelante: “vos tenés tu teoría y yo tengo la mía, hacé como quieras, si el niño no baja vamos a cesárea”.
• En un momento en que el doctor Luksenburg se encontraba controlándome y cierro las piernas, se dirige a mí diciendo “si no las cerraste antes ahora ya es tarde”.
• Mi esposo fue retirado de la sala cada vez que era controlada la otra paciente, a pesar de existir un biombo que separa ambas camas.
• A las 23.30 fui llevada a la sala de partos y al ingresar observé que la cama se encontraba apenas reclinada, sin que se me ofreciera ni preguntara cómo prefería ponerme, teniendo que ayudarme mi esposo a mantenerme semisentada.
• Como en ciertos momento yo cerraba las piernas, el doctor Luksenburg me amenazaba con atarme para que no lo hiciera (“no me cierres las piernas, ¿o querés que te ate?”).
• En un momento el doctor solicita se le acerquen pinzas para fórceps, sin aclarar por qué motivo deberían usarse.
• Cuando me colocaron el bebé sobre el pecho observé que el cordón ya estaba cortado, sin respetar el tiempo suficiente para la ligadura del mismo. No se me permitió el contacto precoz con mi hijo, tratándose de un recién nacido normal, pues enseguida lo retiraron para examinarlo.
• Durante la sutura de la episiotomía, ante un dolor intenso moví sin querer una pierna, diciéndome el doctor “¡no te muevas!, ¡me sacaste todos los puntos, no ves que te vas a desgarrar el recto!, ¡la anestesia no agarra igual en todos lados!”.
Al otro día, al concurrir a controlarme, el doctor expresó que tenía un hematoma importante y que por eso me iba a indicar hielo y cefradina durante cuatro días, pero sin recomendarme que hiciera un control precoz de la herida.
Concurro entonces a la semana del parto al primer control, estando muy dolorida, con una episiotomía de al menos cinco centímetros y encontrándome con una infección en la herida, debiendo sufrir enormemente el retiro de los innumerables puntos y las curaciones diarias y luego periódicas, logrando retomar algunas actividades recién al mes, y llegando a los tres meses sin que haya finalizado totalmente la cicatrización.
En el documento “Guías en salud sexual y reproductiva”, en el capítulo “Normas de atención a la mujer en el proceso de parto y puerperio” (MSP, Uruguay, 2008) puede leerse bajo el subtítulo “La episiotomía”: “La mayoría de las veces no es necesaria su realización (…) esta incisión debe ser tan pequeña como sea posible” (págs 32-33).
Y también en la pág 19: “En Uruguay se cuenta con la ley 17.386, que dice:
• Proveer cuidado permanente durante el trabajo de parto y no dejar a la mujer sola.
• Estimular la presencia de una persona que la mujer elija para que la acompañe durante el trabajo de parto y el parto. Proveer acompañantes entrenados y estimular su presencia además de la presencia de la familia, si la mujer lo requiriera.
• Respetar la privacidad de las mujeres y su dignidad en todo momento durante el embarazo, el parto y el puerperio.
• Ser sensible a las necesidades culturales y las expectativas de las mujeres y sus familias”.
¿Podrían ustedes contabilizar cuántas veces se faltó a esto en la atención que recibí?..., pues podría seguir realizando citas demostrativas a lo largo de varias páginas. Quizás lo mejor sería asegurarse de que los profesionales a cargo de la atención de partos las lean y apliquen.
Soy consciente de que en casos similares la gente elige la vía judicial para reclamar sus derechos ante errores médicos de este tipo. En mi caso solicito que se retire de la atención de partos al doctor Ariel Luksenburg y que se actúe de acuerdo a las normas establecidas por el MSP, así como que el SMI supervise su cumplimiento por parte de los profesionales de la institución.
Reclamo además que dicha mutualista asegure la presencia de parteras durante el trabajo de parto y el parto, como parte insustituible del equipo de salud.
Sólo de esta manera se evitará que otras mujeres pasen por experiencias como la mía, o peores aun.
Esperando soluciones y una pronta respuesta, saluda atentamente
Antonia Carballido Delloro
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