Ponencia presentada por Sergia Galván en la Undécima Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe CEPAL BRASILIA
Es probable que algunas se pregunten, por qué estoy yo aquí, una dominicana, hablando de la igualdad en la reconstrucción de Haití. Estoy aquí, porque en la geopolítica de la región, existe un único, y peculiar caso, de dos pueblos compartiendo una misma isla, compartiendo una misma historia. Tomando prestada parte de la prosa de un gran poeta dominicano, Don Pedro Mir, porque somos dos pueblos colocados en el mismo trayecto del sol.
Estoy aquí, porque formo parte de un feminismo global, que frente a la tragedia de Haití, la fuerza de la solidaridad, nos hizo llamarnos y proclamarnos que “Todas Somos Haití”.
Organizaciones feministas y de mujeres América Latina y el Caribe, nos reunimos en la República Dominicana a los pocos días de ocurrido el terremoto de Haití, para pensar como queríamos expresar la solidaridad con las mujeres y con el pueblo haitiano. A partir de ese momento, hemos recorrido un largo camino, en el que hemos llorado juntas, hemos rendido homenajes a nuestras hermanas caídas, pero donde también hemos promovido y generado una gran corriente de solidaridad y de intercambio con las hermanas haitianas, que hoy tienen la responsabilidad histórica reconstruir, construir o refundar a su pueblo, bajo una nueva ruta de igualdad.
A partir de esas vivencias, quiero destacar 3 aspectos:
Lo primero, es reconocer que si bien la intensidad del terremoto fue de 7.3, un hecho científico incuestionable, su impacto fue proporcionar a las desigualdades en que vivía el pueblo haitiano. La danza y liberación de la energía tectónica, compromete a la naturaleza, pero la magnitud de la catástrofe, poco tiene que ver con la naturaleza, más bien, remite a la situación pobreza y marginación en que vivía el pueblo haitiano.
Las desigualdades económicas, políticas y sociales en que vivían las mujeres haitianas antes del terremoto, están estrechamente vinculadas a la magnitud del impacto de dicho fenómeno en sus vidas. El terremoto lo que hizo, fue poner al desnudo y sacar de manera abrupta, esas desigualdades. Que si no estallaban por un terremoto natural, iban a estallar por un terremoto social.
El desequilibrio en la redistribución del cuidado ha sido ampliamente debatido durante estos días de trabajo. Frente a la ocurrencia de desastres, se produce una exacerbación de ese desequilibrio incrementando los niveles de explotación hacia las mujeres y profundizando las desigualdades. Frente al colapso de los servicios sociales, sus funciones se transfieren, de manera casi automática, a las mujeres.
En el caso concreto del terremoto en Haití, hemos observado, como en los campamentos y en las zonas de desplazados, el trabajo reproductivo, ha tenido que ser asumido, casi de manera exclusiva por las mujeres y las niñas, Han tenido que asumir, el cuidado de los niños y niñas, de las personas con discapacidades físicas y motoras, debido a amputaciones de órganos, el cuidado y atención de los enfermos, porque la permanencia en los centros de atención era altamente reducida debido a la gran demanda, la limpieza en los refugios, entre otras tareas. A estas enormes cargas laborales no remuneradas, se une la falta de agua, de energía eléctrica, y las condiciones de hacinamiento.
Sin embargo, dentro del plan de reconstrucción, el tema reproductivo no tiene ninguna relevancia. Lo que representa una oportunidad perdida para revertir las desigualdades asociadas a este ámbito. Las mujeres están enfrentan dificultades para integrarse de manera activa al proceso de reconstrucción y para incorporarse al mercado laboral que se generará, ya que sus posibilidades de desplazamiento y movilidad están seriamente limitadas por las responsabilidades en el orden reproductivo.
De no adoptar un nuevo paradigma del cuidado, el proceso de reconstrucción seguirá perpetuando las desigualdades y ampliando las brechas en el ámbito laboral, incrementando la pobreza de las mujeres y afectando aún más su autonomía económica. Esta situación, resulta altamente preocupante, si tomamos en consideración que la jefatura de hogar femenina anterior al terremoto, sobrepasaba el 40% .
El ejercicio de los derechos sexuales y derechos reproductivos de las mujeres, se puede ver amenazado al momento de la ocurrencia de desastres naturales, por lo que se requiere la adopción de medidas urgentes durante la fase de emergencia y ayuda humanitaria. Las mujeres pueden ver limitado su acceso a métodos anticonceptivos, falta acceso seguro y prioritario en la atención al embarazo, al parto, y a servicios de aborto.
Está ampliamente documentado, que en situación de desastres se produce un incremento en la ocurrencia de partos prematuros, riesgos de muerte materna, y se genera una alta necesidad de servicios de aborto, ya sea espontáneo, o inducidos, además del incremento en el riesgo de infecciones de transmisión sexual. Pero, regularmente, las políticas de ayuda humanitaria no prestan relevancia a esos derechos, lo que constituye una gran discriminación y desigualdad, ya que son las mujeres las que necesitarán en mayor medida tener garantía de los mismos.
En el caso del terremoto de Haití, la garantía de esos derechos, fue y sigue siendo de alta preocupación. Sobre todo, si tomamos en consideración la situación de las mujeres previa al terremoto. Con una inaceptable tasa de muerte materna de 630, sobre 100,000 nacidos vivos, alrededor de 5 veces el promedio de nuestra región; una tasa global de fecundidad 4.4 hijos en algunos segmentos de la población; una necesidad insatisfecha de métodos anticonceptivos de 38 %,. Se estima en 200,000 las mujeres embarazadas o recién paridas, al momento del terremoto y las cuales, no fueron objeto de ninguna intervención especial durante la primera fase de la emergencia. Ni siquiera se incluía en los llamados de urgencia, profesionales especializados para la atención a la salud reproductiva.
Llama la atención que pese a la trascendencia de los derechos sexuales y reproductivos, el plan de reconstrucción tampoco lo aborda como una prioridad, más allá de algunas indicaciones salud materna infantil.
El documento resumen de la información del Observatorio de Igualdad de Género, ¿Qué Estado para que Igualdad? aborda un tema que políticamente me parece muy importante en el contexto de reconstrucción de Haití y es el de “Habilitar a las mujeres para el ejercicio de la igualdad”.
Habilitar a las mujeres para el ejercicio de la igualdad en el proceso de reconstrucción, me parece de una importancia capital. Las enormes barreras y obstáculos que enfrentan las mujeres haitianas para poder integrarse de manera activa al proceso de reconstrucción y con garantía de transformación de las estructuras de subordinación, en un primer momento, pasa por la habilitación de las mujeres.
Me refiero, al fortalecimiento de sus capacidades y habilidades para que puedan rápidamente insertarse al nuevo mercado laboral; dotarlas de capacidades para el desempeño en ocupaciones no tradicionales; empoderarlas frente a sus derechos, para que puedan demandar con éxito, el acceso a la vivienda, a la tierra, al crédito, a la tecnología; implica reinsertarla al sistema educativo formal, tanto en los niveles técnicos como superior y fortalecer sus liderazgos para que puedan acceder a los espacios de poder y toma de decisión en el escenario de reconstrucción.
Voy a plantear algunos desafíos que dentro del marco de la solidaridad con las mujeres haitianas hemos venido planteando las feministas de la región.
En los debates que hemos desarrollado en estos días, se ha puesto de manifiesto, que el acceso y control a los recursos financieros es un punto clave para asegurar la igualdad.
En las diferentes cumbres y reuniones de donantes que se han llevado a cabo desde el terremoto, las promesas de recursos financieros han sido enormes, pero no logran hacerse efectivas. En una reseña de noticia de ayer, se informaba que de la promesa millonaria que ha hecho la comunidad internacional de donantes, sólo han aportado el 2%. Esto es inaceptable, y puede rayar en lo cruel e inhumano. También puede conducir a mucha suspicacia.
Esta situación amerita un llamado urgente a la cooperación internacional y a la comunidad de donantes a agilizar el desembolso de los recursos prometidos.
También propongo, que esta Conferencia, saque una resolución, llamando a la Comisión Interina de Reconstrucción a etiquetar recursos para atender las demandas de las mujeres, de manera que se puedan involucrar activamente en el proceso de reconstrucción y evitar reconstruir sobre las mismas bases de desigualdades.
En una declaración oral, en la 49va Sesión de la Comisión sobre el Estatus Jurídico y Social de la Mujer de la ONU (CSW), de 26 de febrero del 2010, varias organizaciones y redes, demandaron a los Estados a “comprometerse con el desarrollo de acciones que aseguren que toda la ayuda futura e inversión en la recuperación y reconstrucción se adhieran a estándares medibles de igualdad de género”
Se requiere de organizaciones de mujeres y feministas con fuertes liderazgos y con capacidad de incidir e influenciar las decisiones que se toman en torno a la reconstrucción. Sin embargo, las organizaciones feministas han quedado muy golpeadas, muchas de sus líderes han muerto, sus oficinas y centros de operaciones han sido afectadas, parte de la memoria histórica y de su acervo se ha perdido. Lo que se ha podido recuperar, ha sido por el esfuerzo particular de las organizaciones. Parte de las redes y base social de las organizaciones se han desarticulados. Por tanto, es imprescindible, ponerlas en condiciones para que puedan responder a los desafíos que implica un proceso de reconstrucción para la igualdad.
En la declaración oral, que mencioné antes, las organizaciones y redes advertían, “que las mujeres haitianas están siendo desproporcionadamente impactadas por la crisis pero son claves en la recuperación del país. Por lo tanto, esperamos ver un número grande y diverso de organizaciones de mujeres haitianas siendo consultadas e incluidas en las evaluaciones de necesidad y daños y en el diseño, implementación, monitoreo y evaluación de los programas de ayuda post desastre.
El financiar amplios números de mujeres de base y sus organizaciones comunitarias es esencial para asegurar que las necesidades y prioridades de las mujeres se reflejen en la ayuda y recuperación y que las mujeres desplazadas sean socialmente legitimadas como uno de los grupos de interés.
Afirmaban que “el legado local de liderazgo de las mujeres haitianas, en sus espacios de trabajo y en sus comunidades es una base fuerte para el diseño, implementación y evaluación de la recuperación de largo plazo así como de la continuidad de la ayuda. El liderazgo de las mujeres y el trabajo de cuidado deben ser reconocidos y apoyados por mandatos de políticas y programas y por compromisos transparentes de recursos que permitan que las mujeres jueguen un rol significativo, sostenido y formal en el proceso de reconstrucción de largo plazo. Y conforme se restablecen o crean nuevos liderazgos sociales y políticos, las mujeres haitianas deben tener una participación proporcional”
Indicaban también “que los gobiernos y las agencias de ayuda deberían proporcionar recursos y facilitar la asistencia técnica para ayudar a que las organizaciones de mujeres de base y otros tipos de organizaciones de mujeres fortalezcan sus capacidades para funcionar de manera efectiva como promotoras de desarrollo y justicia social (en el corto y largo plazo”
También se hace necesario, brindar todo el apoyo posible al Ministerio de la Mujer para que pueda asumir con mayor efectividad su rol de rectoría en la definición y monitoreo del enfoque de género en los planes, políticas y programas a desarrollarse como parte de la agenda de reconstrucción.
En ese orden, propongo, que aprovechando el liderazgo de Michelle Bachelet, en el proceso de reconstrucción de Haití, se pueda crear un mecanismo regional de vigilancia y observación sobre la inversión internacional en el proceso de reconstrucción a los fines de asegurar que contribuya a avanzar en la igualdad.
Muchas Gracias.
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